14.2.10

Todos somo Juárez

"Todos somos Juárez", así denominó el Ejecutivo Federal su nuevo "plan integral" de combate a la violencia e inseguridad. De entrada suena trillado y cursi. Analizando más detenidamente dicho eslogan, es falaz y totalmente alejado de la realidad.

Para empezar, tenemos un alcalde (José Reyes Ferriz) que, según los medios locales, no vive aquí (dicen que vive en El Paso, Texas). El gobernador (José Reyes Baeza) fracasó en su intento de trasladar los poderes desde la capital del estado a esta ciudad, porque se acordó que Juárez es el municipio más grande e importante del estado ahora que se va a terminar su administración y tiene que mover las preferencias electorales hacia su partido. El titular del ejecutivo, Felipe Calderón Hinojosa, es de Michoacán; vino a que le dijeran algunas verdades en su cara, pero ni pidió perdón públicamente (una cosa es pedir perdón y otra es ofrecer una disculpa), ni atendió una de las peticiones que la mayoría de los ciudadanos le hacemos: sacar al ejército de la ciudad.

Lo más grave, es que más allá de los gobernantes, que deberían ser líderes de sus respectivas comunidades, nosotros los mismos juarenses nos mostramos apáticos ante la gravísima situación en la que estamos. Todos los días, mientras transito las calles de esta ciudad me doy cuenta de la falta de respeto que hay por todos lados: la mayoría conduce a exceso de velocidad, innumerables autos circulan con matrículas vencidas, muchas de estados del vecino país y otros tantos de plano sin placas; los medios locales publican que las principales infracciones son el conducir a exceso de velocidad y sin el cinturón de seguridad. Esto es un reflejo de cómo a diario decidimos vivir, sin respetar las reglas de urbanidad, ni siquiera nos preocupamos por acatar una simple regla para nuestra propia protección. Por lo tanto, no debemos sorprendernos de que tengamos los niveles de violencia que tenemos.

Es cierto que buena parte de la responsabilidad es del gobierno, pues simplemente ha fallado en su misión de cumplir y hacer cumplir la ley para brindarnos seguridad a los ciudadanos. Pero la otra parte es de nosotros, que como sociedad toleramos y optamos por el quebranto de las reglas. Todos nos quejamos de los problemas de violencia e inseguridad, pero, ¿qué haces tú? Nadie quiere asumir su responsabilidad, hemos creado una cultura de la excusa y de culpar al que se deje. Y lejos de avergonzarnos de este comportamiento débil y cobarde, lo exaltamos y lo premiamos. De ahí la descomposición de la política y la falla de los gobiernos.

Premiamos a los que con su "habilidad política" nos prometen trabajar para mejorar la situación en tiempos de campaña y nos dan la espalda en cuanto toman posesión de su cargo. Esos que son capaces de vender su conciencia por obtener migas de poder, los mismos que no respetan ni a su familia, ni a sus amistades, ni a sus ideales, vaya ni a ellos mismos, si de obtener un puesto se trata. Todos nos quejamos de los políticos, pero ¿cuántos sabemos el nombre de nuestros representantes ante el congreso, o sea, diputados y senadores? y de esos ¿cuántos les escriben para expresar sus inquietudes, necesidades, peticiones y propuestas? Considero que antes de quejarnos, debemos empezar por cumplir nuestro deber cívico de conocer a nuestros representanes y exigirles cuentas. Dicho deber comienza por ejercer nuestro derecho al voto, pero no concluye con depositar la papeleta en la urna y teñir nuestro pulgar con tinta indeleble. Todos los días debemos cumplir con nuestro contrato ciudadano, apegarnos a las normas de convivencia, conocer a nuestros representantes (sí, esos por los que votamos) y encausar nuestras voces a través de ellos. Y si no nos escuchan o no nos atienden, ni nos hacen caso, tenemos derecho a manifestarnos públicamente y exigir que cumplan sus compromisos. Así como decidimos no respetar el límite de velocidad, también podemos decidir no pagar impuestos o paralizar la ciudad. Existen muchas maneras de protestar pacíficamente y con más inteligencia que con la que se intenta combatir el crimen organizado en el país.

Este año, el gobierno se empeña en querer celebrar los 200 años del comienzo de la guerra de Independencia y los 100 años del inicio de la guerra de Revolución. Pero, ¿en realidad hay algo qué celebrar? Para empezar el 16 de septiembre, se celebraba el cumpleaños de Porfirio Díaz y es el día de mi santo (San Rogelio) según las creencias católicas. Sin embargo, según la historia de los vencedores y que nos han enseñado con fines propagandísticos y de control de masas fue la noche del 15 de septiembre cuando un cura llamó a su pueblo para levantarse en armas contra la monarquía española. Es evidente que después de 200 años de tal acontecimiento, no somos parte del reino español, pero los pobres siguen siendo pobres y oprimidos, olvidados y sin oportunidades; remplazamos a la monarquía por una clase política que resulta aún peor y la iglesia católica, aún con la crisis de fe por la que atraviesa, sigue conservando su poder a través del dogma y aprovechándose de la ignorancia de un pueblo inculto. Los nombres y las máscaras han cambiado, pero los actores siguen siendo los mismos. Un reducido grupo élite tiene la mayor parte de la riqueza y poder, mientras el grueso de la población sobrevive para mantener a esa élite, aún cuando nos hacen creer que vivimos en una democracia.

No soy historiador y confieso que desde la secundaria no he estudiado la historia de México, pero basándome en los recuerdos de lo aprendido en la escuela (pública por cierto) después de analizar los hechos, debo concluir que la Revolución, a pesar de que se insista en los lemas bien intencionados, no fue más que una lucha por el poder y simplemente remplazó la cara de los que lo ostentaban, todos los míticos héroes de la guerra de Revolución se terminaron matando entre ellos por el poder, hasta que otra ves unos cuantos se pusieron de acuerdo para crear el PRI y consiguieron perpetuarse cual monarquía 70 años en el poder. Luego cuando creímos que finalmente la alternancia traería un verdadero cambio, apenas comenzamos a despertar y darnos cuenta de que en realidad somos rehénes de los políticos, sin importar colores, ni ideologías.

Actualmente, todos los partidos políticos existen para aglutinar personas que supuestamente coinciden en su ideología y buscan el bien común de la sociedad. La realidad es que son grupos de personas que pueden cambiar de ideología como cambiar de traje con tal de obtener una oportunidad por alcanzar un puesto en la administración pública sin que les importe en lo más mínimo el bienestar de la sociedad. Y todo esto, ha sucedido y sucede porque los hemos dejado.

Por eso digo: ¡Ya basta! Vamos a cambiar como sociedad, para poder exigir cuentas y lograr los cambios esperados. Yo por lo pronto, ya empecé por escribir mi opinión, voy a seguir respetando los límites de velocidad al conducir, actuar con honestidad y congruencia, escribirle semanalmente a mis representantes en los congresos estatal y federal. Alzar mi voz para que me escuchen. ¿Qué vas a hacer tú?

2 comentarios:

  1. Esposo, estoy orgullosa de ti, de tener a mi lado a un hombre honesto, preocupado y comprometido con la sociedad, así como lo es con su familia, pero sobre todo me enorgullece que al expresar su opinión nos exhorte a TODOS a hacerlo, ya que yo también considero que es una medida pacifica a la que todos deberíamos recurrir. Paola

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  2. Esposo, estoy muy orgullosa de ti, me llena de felicidad saber que tengo a mi lado a alguien que se compromete y lucha por una mejor vida para todos, que expresa su sentir, su opinión, pero sobre todo sus experiencias y con esto que no hacemos los demás, nos exhortas a seguir tu ejemplo y pacificamente como en tu mensaje lo dices levantemos la voz y contribuyamos a que esto ya cambie. Debo confesar que yo soy una de la ciudadanas que frecuentemente multan por falta del cinturón de seguridad y ahora al escuchar a mi esposo me siento avergonzada, pero me siento motivada a cambiar y a expresar mi opinión.

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